Un tren cualquiera que atraviesa una de las miles de llanuras polacas, despacito, con ese traqueteo que te hechiza y lo quieras o no, te duerme. Y no sabes si sueñas, oyes pasos en el pasillo, revisores linterna en mano (y te pensabas que no quedaban revisores así) pidiéndote a gritos un billete (esperas que sólo te esté pidiendo eso). Puede caer la noche o estar amaneciendo,... da igual, sigues peleándote con ese mando de la calefacción que casi nunca funciona, y hace frío. Y el soldado polaco que tienes delante te mira extrañado, será quizá porque no he apartado mi mano (ni mi mirada) de mi bolsa en todo el viaje? Y veo vacas, tractores, copos de nieve, gotas rebeldes de lluvia (ya que todo el mundo lo sabe, en el Este no llueve, sólo nieva),... y va cayendo la niebla, otra tarde más, otra más,... Y te acomodas contra una pared metálica o un hombro más frío aún, usas un abrigo polaco a modo de almohada, te tapas con una bufanda, escuchas música, lees, hablas, te ríes,... y siguen pasando tractores por la ventana. Te levantas, coges tus cosas,... y bajas, sin saber muy bien cuál es tu destino esta vez,... si Toruń o Bilbao. O Astrabudua.
Y sigues andando, echas de menos esos trenes,... pero si realmente existe esa línea sobre la que tanto tiempo perdiste hablando, ya la estás cruzando al meter tu pase mensual en la máquina canceladora. Y la sobrepasas cuando miras tus dedos, están negros, apestan. Es 11 de setiembre (sin "p"), Calamaro saca disco y a ti se te olvida comprarlo, estás cruzando la raya. Avanzas, necesitas café, música, bolígrafos de colores, un cojín, ese desfile de gaviotas que te recibe en la puerta a diario y que un día, te vuelves a jurar, fotografiarás,... y una percha. Y te sientas de nuevo. Los pantalones blancos le sientan genial y ella no se da cuenta, quizá deba comprarle otro par. Y te pierdes entre graffitis, tan evocadores, que te golpean, te atrapan, y te elevan (para inevitablemente dejarte caer más adelante). Y te sientas, al fin (tampoco le queda tan mal el rosa, pero lo usa menos), y no crees que Islandia sea un buen destino, le faltas tú (y también le sobras), porque puede tener volcanes, pero no tiene niebla, ni napolitanas, ni metas,... tampoco tiene pijamas a cuadros.
